Otro plan digno de ser recordado en estas crónicas, es el que hicimos el sábado 10 de septiembre, uno de los primeros planes del año académico. Habiéndonos cerciorado de que el tiempo era favorable en las costas gallegas aquel día, nos decidimos a aprovechar los últimos rayos de sol de la temporada yendo a la playa de Carnota, la playa más larga del litoral gallego. Todo apuntaba que iba a ser un plan estupendo.

A medida que nos acercábamos en coche a la costa, veíamos que el cielo se ponía cada vez peor y empezamos a temer lo inevitable (ver foto 1). Perdimos la esperanza del buen tiempo. Una vez llegados a la playa alrededor de las 12:00 en Canarias, bajamos del coche y notamos unas finísimas gotas de lluvia que se estrellaban casi horizontalmente contra nuestros cuerpos, empujadas por un viento del norte frío e incesante. Aquella niebla que nos acompañaba no se disipaba, igual que nuestra duda de si seguir ahí o volver a Santiago. Al final decidimos quedarnos: “al mal tiempo, buena cara”. Y resultó ser uno de los mejores planes que habíamos hecho desde hacía tiempo.

Algunos cogieron tablas de Bodysurf (o algo así) y  se dedicaron un buen rato a coger olas. “¡no estaba tan fría!” Juzguen ustedes mismos la temperatura del agua (f. 2). Cuando se cansaron, hicimos algunos vídeos (que en su momento saldrán) y comimos en la mismísima playa. A estas alturas del plan, el tiempo había mejorado un poco. Después de comer fuimos caminando hasta la playa de Lariño, pero caminando por las rocas costeras, sorteando olas que rompían furiosas a pocos metros de nosotros. Alguno quedó totalmente empapado por una ola que le placó mientras le estaban haciendo una foto (f.3: fue justo el momento anterior al incidente). A cada paso descubríamos entre las rocas agujeros que, aunque retirada la marea, seguían conteniendo agua de tal manera que albergaban en su interior corales de todo tipo (algunos francamente bonitos) y vida acuática automóvil. Eran como tesoros que descubríamos por el camino.

Abandonamos la playa hacia las 17:30 y volvimos a Santiago para acabar con meditación, cena y peliculón. Hay que decir que al llegar a La Estila, nos pegamos una buena ducha de agua muy caliente para recuperar el calor. Días después, hablando del plan, coincidimos todos que aquel día nos habíamos ido a la cama cansados, pero muy satisfechos.

Jimmy Writer

 

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PD: nadie se costipó